Una conversación con Nina desde la cárcel

“He aprendido que sí puedo cambiar al mundo aun estando físicamente cautiva”.

Arte por Karlynn Gómez Reyes.

Arte por Karlynn Gómez Reyes.

Por: Glorimar Velázquez Carrasquillo • 15 de enero de 2019

ONCE le escribió una carta a Nina Droz Franco el 29 de septiembre del 2018. Nina está encarcelada desde el 2 de mayo del 2017 por hechos ocurridos durante el paro nacional el día anterior.

La jueza federal Aida Delgado Colón la sentenció a 37 meses de cárcel luego de que llegara a un acuerdo con la fiscalía para declararse culpable por uno de los dos cargos que se le imputaron: propiamente, que participó en una conspiración para, con otras personas, incendiar el edificio del Banco Popular en la Milla de Oro en Hato Rey. El otro cargo –uso malicioso del fuego– fue archivado como parte del acuerdo.

El 13 de diciembre del 2018 ONCE recibió la respuesta de Nina. En la carta abunda sobre las denuncias de maltrato, abusos y hostigamiento sexual, las mismas que dijo en su vista de sentencia el 12 de junio de 2018. La misiva ha sido transcrita y editada, en términos gramaticales y ortográficos, para su mejor comprensión. A solicitud de personas cercanas al caso, se omitieron los nombres de confinadas u oficiales para evitar más represalias mientras cumple el restante de su sentencia en la Federal Correctional Institution en Tallahassee, Florida.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Tallahassee, FL

¡Hola, Glorimar! Primeramente, disculpa la demora en mi respuesta. Espero que aún te sea de utilidad la misma. Aquí las contestaciones a tus preguntas.

¿Piensas que ha sido injusto lo que te sucedió? Me refiero al hecho de que eres la única de los arrestados que terminó cumpliendo cárcel a nivel federal, cuando más personas participaron de los eventos.

Más que injusto ha sido inhumano. La realidad es que lo menos que me ha preocupado de todo esto han sido los cargos como tal. Eso pasó a un segundo plano cuando se compara con el maltrato y el abuso del poquito poder que tiene el personal del Negociado Federal de Prisiones en contra de los confinados y las confinadas.

Si los familiares de estos empleados supieran lo que les hacen a los confinados –que son seres humanos en total desventaja– les daría vergüenza, se les caería la cara de bochorno. Lo hacen porque nadie los ve, porque yo no he visto actuar así a personas en su vida cotidiana públicamente.

Este mismo personal, cuando se trata de obtener un ingreso extra o de tirarse una aventurita, no duda en utilizar a los confinados y las confinadas para su ventaja. Por ejemplo, algunos guardias piden favores sexuales a cambio de traer contrabando. A muchos confinados se les restringe de privilegios como ir a la comisaría, tener acceso al teléfono o a visitas, y les imponen otras represalias. Nunca, por ningún motivo, se debe privar a nadie de la visita o la comunicación con su familia. Más que ser un castigo, eso llega a la tortura.

Injusto es una palabra muy compleja. Puede referirse a algo tan sencillo como quitarle un dulce a un niño o hasta torturar física y mentalmente a un ser humano.

Puede referirse a mantenerlo sin acceso a un líquido tan necesario como lo es el agua –para beber, para asearse, para mantenerse fresco–. A privarlo de ventilación al punto de sofocarse. A vivir entre sus propios excrementos y orín (y, en el caso de las mujeres, con la sangre contaminada de sus fluidos menstruales) porque los inodoros no se podían bajar por días y, al menos en una ocasión, hasta por una semana. A negarle una alimentación sana, o al menos una comida que no esté expirada o dañada. La injusticia es relativa.

¿Estás satisfecha con la defensa que recibiste?

Defensa se le llama a alguien que trata de defenderte. En mi caso considero que me dejaron sola. No tuve una defensa eficiente.

Los primeros abogados que tuve –Eric Vos y Héctor Ramos– cometieron un error en mi acuerdo con la fiscalía. Firmé un acuerdo de culpabilidad a cambio de una sentencia sugerida de 24 a 37 meses. Pero estos abogados añadieron la palabrita “malicioso” en ese acuerdo. Esa palabra no tenía nada que ver con el cargo.

El mero hecho de que esa palabra se encontrase en ese documento implicó que, al momento de sentenciarme, una condena de 24 meses nunca fue opción. Esa palabra “malicioso” aumentó la condena sugerida de una de 37 meses a una de 46 meses. El mínimo pedido por la defensa fue de 37 meses, nunca de 24 meses, que era lo que había firmado. A estos dos abogados les pedí su renuncia faltando solo la vista de sentencia.

La abogada Lydia Lizarríbar tomó el caso y, en mi opinión y la de muchos, ella hizo menos que los dos abogados anteriores. No siento que tuve una representación digna del circo que hizo el gobierno con mi caso, más la demonización a la que se me sometió para aterrorizar al pueblo y dejar que se sigan cometiendo abusos por parte de los gobiernos estadounidense y puertorriqueño.

Ante las expresiones de Nina, ONCE buscó una respuesta del licenciado Eric Vos, quien señaló que por el primero de los cargos que enfrentaba Nina –uso malicioso del fuego–, esta se exponía a una sentencia de entre cinco y 20 años de cárcel. Vos explicó que cuando Nina, como parte del acuerdo con fiscalía, se declaró culpable del segundo cargo –conspiración–, se expuso a una pena máxima de cinco años, sin término mínimo de cárcel. Terminó sentenciada a 37 meses. “Si el acuerdo de culpabilidad no se hubiera negociado con éxito, y Nina hubiese sido condenada, habría recibido al menos 60 meses. El acuerdo de culpabilidad fue excepcional”, indicó el abogado.

Eres una persona que polariza la opinión pública. ¿Qué le dirías a quienes no te conocen?

Si tuviera la oportunidad de decirle a las personas quién soy, les diría que soy una simple mujer con un espíritu en llamas. Con una pasión increíble por defender lo que pienso que es correcto. Repudio el abuso. Por eso lucho en contra de lo que siento que no está bien, y aún si no sé cómo lograr lo que quiero, busco la manera. Me invento la forma. Si no sé las palabras, las encontraré. Si no sé cómo proceder, crearé mi propio procedimiento.

Sé que si no saco la cara por todas las personas que están siendo abusadas y maltratadas, nadie lo va a hacer, porque la gente le tiene miedo a las represalias. Yo jamás podré temerle a un simple mortal que siente y padece lo mismo que yo: que si no come, muere de hambre; que si no toma agua, muere de sed; que necesita dormir para no perder la cordura y tener energía; que es igual de frágil que yo; que no posee ningún superpoder.

Yo estoy aquí para llegar hasta las últimas consecuencias que mi cuerpo aguante. Yo no doy ni un solo paso hacia atrás nunca. Elegí la libertad en lugar del capitalismo por mi gente, porque mi gente merece la pena, porque nuestros niños son el futuro y si siguen llenos de miedo, ¿hacia dónde iremos? No soy perfecta, mas no quiero serlo. Sé que tengo cientos de faltas, pero eso es lo que me hace ser y sentirme tan humana.

Estoy aquí para pelear y luchar, para que los niños y los jóvenes puedan tener el futuro que queremos para ellos. Quiero que se acuerden de mí como una loca platónica amante de la libertad y de lo justo pero nunca como una cobarde. Estas cosas no son nada extraordinario: es algo que debería hacer todo ser humano.

¿Qué te ha enseñado todo lo que has vivido desde ese 1 de mayo?

Esta experiencia me ha hecho ver más de lo que jamás pensé. El gobierno de Puerto Rico, al igual que el de Estados Unidos, me mostró más de lo que debieron.

Con esta experiencia aprendí a superarme a mí misma. Aprendí a no confiar ni en mi sombra. Aprendí que el ser humano se recupera de lo que sea. Que uno cae pero tiene que levantarse más fuerte.

Aprendí que me habían sobremedicado la mayor parte de mi vida. Recibí medicamentos que lo que hacían era más daño que bien. Aprendí que mentalmente soy capaz de cualquier cosa que me proponga, al igual que físicamente. Le perdí el miedo a todo.

Aprendí que no puedo detenerme cuando alguien me dice que no voy a poder lograrlo o que voy a fallar. Aprendí a no tenerle miedo a fracasar. Que no hay traición que dure una vida. Aprendí que mi madre es más brava y determinada de lo que jamás pensé que podía ser. Que tengo a un padre que aprendió a amarme tal cual soy. Que tengo a miles de personas que me han extendido su mano y su solidaridad en esta adversidad y me han apoyado como lo haría una familia.

Aprendí que el ser humano solo sabe destruirse el uno al otro, en lugar de ayudarse. Aprendí que hay que seguir adelante luchando por lo que uno piensa que es lo correcto, sin importar o esperar que te den las gracias. Aprendí que en muchas ocasiones hay que irse en contra de la norma para lograr un propósito y que, en su mayoría, lo que está establecido no significa que esté correcto.

Aprendí que los que visten de traje y corbata terminan siendo la costra y no el mendigo que viste con trapos.

Esta experiencia me devolvió a la vida. Nunca me había sentido tan viva, tan libre. Mi mente ha viajado a lugares sin fin, ha roto fronteras.

He aprendido que sí puedo cambiar al mundo aun estando físicamente cautiva.

Previamente, en la vista de sentencia en junio del 2018, denunciaste unos malos tratos. ¿Han seguido?

Los abusos que sufrí y sufro no son solo conmigo. Dentro del sistema federal algo tan necesario como el cuidado de la salud es un chiste. No recibimos el servicio médico adecuado. No nos atienden y no nos dan tratamiento a tiempo. Además, están las humillaciones cotidianas, las pobres condiciones de vivienda, el racismo en contra del hispano por parte del personal –en su mayoría negro– y el hostigamiento sexual.

No podemos defendernos de las constantes faltas de respeto porque si un confinado se queja o reacciona, está expuesto a sufrir represalias. El personal, por lo general, no hace su trabajo como debe: se cree que porque tiene un poquito de poder sobre el confinado puede abusar de él.

Ha habido casos de confinadas embarazadas que, a cuatro días de haber parido, han sido obligadas a trabajar sin haber tenido un tratamiento de seguimiento por un ginecólogo ni ningún medicamento para el dolor. Hasta han sido amenazadas de ser sancionadas o ser puestas en segregación (“el hueco”).

Otras mujeres han muerto de cáncer terminal, como una confinada que fue dejada a su suerte, sufriendo dolor extremo sin ningún tipo de medicamento. Nunca se le atendió cuando se quejaba del dolor insoportable que sufría.

Otra confinada sangraba sin pausa, al extremo que estaba anémica, pálida como una hoja de papel. A ella se le negó recibir tratamiento médico y fue acusada de fingir sus dolencias. En ocasiones fue puesta en lista para ver al médico, pero se le negó la salida de su trabajo en la prisión, por lo que nunca recibió atención. Al momento de ser llevada al área médica, esta fue literalmente cargada por sus propias compañeras porque no se podía mantener parada por ella misma. 

Así como estas confinadas y confinados hay miles sufriendo de malos tratos. Se cometen barbaridades, crímenes y torturas contra el ser humano, que además ya está privado de su libertad. Aquí todos somos abusados, unos más que otros, pero todos lo somos.

¿Qué es lo primero que quieres hacer cuando estés en libertad?

Cuando esté en libertad quiero utilizar mi voz, no parar, y como he dicho y seguiré repitiendo, no tengo miedo de luchar hasta el final. Ya he pasado por el infierno y no habrá nada peor que lo que viví. Si pude y puedo con esto, puedo con lo que sea, buscando la manera de resolver situaciones y sobrevivir enfrentándome a ellas. Yo soy firme en mi paso.

Nina Droz Franco

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