En Puerto Rico hay osos

Son hombres y son gays. Celebran sus barrigas, sus barbas y sus vellos en cualquier parte del cuerpo. Buscan eliminar el rechazo que sufren por representar lo opuesto del estereotipo homosexual: el hombre joven, blanco, esbelto y depilado.

Gabriel y Maelo Acosta, osos y fundadores de The Bear Tavern en la calle Loíza. (Andrés Santana Miranda / ONCE)

Gabriel y Maelo Acosta, osos y fundadores de The Bear Tavern en la calle Loíza. (Andrés Santana Miranda / ONCE)

Por: Víctor Rodríguez Velázquez • 26 de agosto de 2019

A las 9:50 p.m. Edgar Santos se zambulle en la pista de baile. Poco a poco suelta el cuerpo, mientras abraza y besa –uno por uno– a todos los que encuentra a su paso. Con ellos ríe, y se une a los otros que ya decidieron moverse al son de un merengue de Wilfrido Vargas.

En esta noche de Santurce, la esquina de la calle Degetau que cruza con la calle Loíza es tropical además del clima. Merengue, salsa y una que otra bachata se alternan en la computadora de DJ Charlie Rivera, el responsable de poner a bailar a los osos.

¿Osos? Sí, “osos”. Así se llaman los miembros de una subcultura gay que busca romper con muchas cosas, pero principalmente una: el estereotipo generalmente asociado al cuerpo de los homosexuales.

“En la taberna uno se puede sentir cómodo independientemente de su condición física”, expresa Edgar, de 35 años, empleado gubernamental y Mr. Bear Puerto Rico 2019.

Hace dos años que los osos se reúnen en The Bear Tavern, un bar en Ocean Park. No es exclusivo para ellos, pero desde la entrada hay signos avisando que, allí, son prioridad: huellas de osos pintadas en las paredes, el dibujo de un hombre robusto y peludo y, en la barra, la bandera de franjas marrón-naranja-amarillo-crema-blanco-gris-negro que los identifica.

Según Edgar, lo más simple para reconocer a un oso es ver gays que casi siempre tienen cuerpos voluptuosos, barba y amplia presencia de vellos en su anatomía.

Pero eso es en la práctica. Si lo teorizamos, los osos son la antítesis de los estándares estéticos y de carácter asociados socioculturalmente a los gays.

El movimiento

A las 10:20 p.m. suena Qué locura enamorarme de ti, de Eddie Santiago en la versión de Dark Latin Groove. En la pista de baile no cabe un alma. Los osos empiezan a sudar y, entre vuelta y vuelta salsera, la noche se enciende.

Uno de los clientes frecuentes del bar es el escritor puertorriqueño Max Chárriez. No se considera fundador del movimiento de osos en Puerto Rico, pero administra uno de los dos grupos en Facebook de este colectivo, BEAR Community News PR, que se dedica a promocionar actividades sociales. El otro, Puerto Rico Bear Events, funciona como plataforma para organizar eventos.

A juicio de Max, el movimiento de osos es una necesidad para aquellos hombres que se sienten excluidos dentro de la comunidad gay por su aspecto físico.

“Siempre se ve a los homosexuales como blancos, completamente lampiños y musculosos o delgados, como había sido la representación del gay desde la pornografía”, explica. Esa percepción los afectó.

“Nosotros [los osos] llegamos a pedir establecimientos [LGBTQIA+] para hacer fiestas y nos decían que no, porque ‘afeábamos el sitio’”, recuerda.

El rechazo

Jean Nieves tiene 27 años y trabaja en la industria publicitaria. En octubre pasado fue seleccionado Mr. Unlimited Cub 2018, convirtiéndose en el primer representante de los osos más jóvenes en Puerto Rico.

Autoretrato de Jean Nieves. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram /  @jeannievesofficial )

Autoretrato de Jean Nieves. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram / @jeannievesofficial)

Hace cinco años que comunicó a sus familiares que era gay. De ese momento tiene recuerdos agridulces. Por eso su expectativa era buscar apoyo en otros chicos gay. Pero cuando comenzó a visitar discotecas encontró un rechazo inesperado por su físico.

“En la comunidad gay local un hombre completamente velludo no es tan aceptado. Yo sabía que era diferente. Me afeitaba para tratar de encajar. Ahora los hombres con barba están de moda, pero hace unos años me trataban mal por ser velludo, por ser gordito”, cuenta.

Tratar de encajar provocó que Jean desarrollara un trastorno alimenticio y, posteriormente, diagnósticos de anorexia y bulimia.

“Fue un choque tratar de ser igual a lo que en Puerto Rico era adecuado. Muchas veces me decían ‘asqueroso, ve a afeitarte’ o ‘tú eres bonito, pero deberías ir al gimnasio’. No puedo culpar a la comunidad. Fueron decisiones que tomé a base de ese rechazo y de que otros hombres se burlaran de mí, porque no soy como ellos”, rememora.

H. Roberto Llanos también conoce el repudio de cerca. Trabaja en un hotel en Condado, es escritor y cada semana visita The Bear Tavern al menos una noche. Es negro, gay y oso, pero no necesariamente en ese orden, especifica.

“Una vez me acepto como gay, cuando salgo a buscar pares, me encuentro que hay mucho rechazo porque siempre buscan a nenes con cuerpos definidos. Como yo no entendía la dinámica, fue bien difícil. Tuve depresión. Lloré mucho. Me sentía herido”, acepta.

H. Roberto Llanos. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram /  @jeannievesofficial )

H. Roberto Llanos. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram / @jeannievesofficial)

H. Roberto suma que el reto no solo estaba en el tema del peso, sino también en términos de la raza y su color de piel. “Los estándares de belleza siempre apuntan hacia los hombres blancos o tostados. Yo no cumplo con esas características. Siempre he batallado con el concepto de la negritud. Siempre trato de ser visible desde mi frontera. La batalla la hago por medio de la escritura, donde hago énfasis en que al menos uno de mis personajes debe ser negro”, sostiene.

El origen

De acuerdo con los psicólogos Eric Manley, Heidi Levitt y Chad Mosher, las personas que se consideran osos cuestionan el estereotipo que la televisión y la publicidad ha creado de los gays: jóvenes, atléticos, sumamente preocupados por su apariencia física y de valores superficiales o materialistas.

En su ensayo Understanding the Bear Movement in Gay Male Culture, los especialistas formulan que, mundialmente, los osos han creado un movimiento de autoaceptación del cuerpo y de repudio al bullying por la apariencia física y la edad.

Para Max, la necesidad de huirle al rechazo dentro de la comunidad gay ha llevado a que sean más los que se suman a este colectivo, cuya fecha de inicio en la isla no está tan clara.

“Yo regresé a Puerto Rico en el 1997, tras vivir en los Estados Unidos. Como en el 2000 escuché por primera vez que había osos aquí. Estos primeros grupos eran bien cerrados, precisamente porque eran un refugio. No pertenecí a ninguno, pero sí conocía a personas y fui a algunas de las actividades”, narra.

Max Chárriez y Arnaldo Alicea. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram /  @jeannievesofficial )

Max Chárriez y Arnaldo Alicea. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram / @jeannievesofficial)

Internacionalmente, el término oso cobró notoriedad en la década de los 80, expone el académico estadounidense Les Wright.

Según el psicoterapeuta brasileño Dilcio Dantas Guedes, Wright –en su libro The Bear Book: Readings in the History and Evolution of a Gay Male Subculture– traza las primeras referencias al concepto oso a un grupo informal de hombres en Texas que se identificaron como “Papa Bear lovers” en los 70.

El experto en esta subcultura plantea que en los 80 y 90, en medio de la creciente epidemia del VIH y el sida, algunos hombres buscaron mantener cuerpos más voluptuosos para evitar que se les asociara con la enfermedad, caracterizada por el desgaste físico y la pérdida de peso y masa muscular.

En Puerto Rico, afirma Max, el origen de la palabra oso no está tan asociada con la experiencia del VIH y el sida que hubo en los Estados Unidos: más bien, respondió a una necesidad por la aceptación de la diversidad corporal, de la raza y de la edad dentro del entorno gay.

“Es algo más político, porque el cuerpo es político”, subraya el escritor.

Los osos

La búsqueda por ampliar las identidades gays ha llevado a que existan categorías dentro de los mismos osos.

Gabriel Martín lleva 23 años estudiando la psicología e identidades gay en España y Latinoamérica. En su más reciente publicación, Sobrevivir al ambiente: porque salir del armario no era más que el principio, Martín acentúa que todo grupo humano se define a partir de signos que constantemente se van cuestionando, lo que produce nuevos modos de ver las identidades. De ahí que cuestione el que se quiera encasillar a todo hombre voluminoso y velludo como oso.

“Un oso, por lo general, es peludo y gordo, pero se puede ser oso aún siendo peludo y [delgado], aunque en este caso se le llamará otter (nutria). Análogamente, si es peludo y de complexión normal, se tratará de un wolf (lobo), y si es peludo y musculado, le llamaremos musclebear”, advierte Martín.

Infografía por Karlynn Gómez Reyes.

Infografía por Karlynn Gómez Reyes.

Según el autor, otra de las características que diferencia a unos osos de otros es la edad.

“Normalmente, el oso tiene entre 30 y 50 años, pero también hay osos jóvenes y osos mayores. Si eres peludo, gordito y joven, eres un cub (cachorro), pero si eres gordito, peludo y mayor, eres un polarbear, gracias a tus canas. Y si estás gordo, aunque no tengas pelos, eres un chubbybear”, añade.

Infografía por Karlynn Gómez Reyes.

Infografía por Karlynn Gómez Reyes.

Martín también describe otros integrantes de esta subcultura que no necesariamente son osos, como los admirers o chasers: gays con cuerpos delgados que sienten atracción o admiración por los osos.

La taberna

Al fondo de The Bear Tavern hay una tarima. Por ella han pasado bailarines, drag queens y poetas. El bar ha montado una oferta de entretenimiento que trasciende el jangueo y algunos osos que se dedican a la escritura han visto allí un espacio para compartir sus escritos.

Por eso Max valora la taberna, pues propicia una mayor unión entre ellos. Recuenta que los primeros grupos de osos fueron desintegrándose por diferencias e incluso por dinero, pues “en ese entonces, para pertenecer a estos colectivos, tenías que pagar membresía”.

Junto a otros pares, Max decidió agrupar una segunda movida de osos que se extendió entre 2007 y 2012. Durante ese periodo, se realizaron actividades de ayuda comunitaria. “La idea era que se viera que no somos solo un grupo de jangueo. Estuvimos cinco años repartiendo desayunos a personas sin hogar en Río Piedras”, menciona.

A partir del 2012, ese intento de agrupar a los osos boricuas mermó por falta de quorum.

Un nuevo empujón llegó en 2017, cuando Gabriel Acosta y Maelo Acosta decidieron abrir un bar que tuviera como mercado a los osos.

La tercera vez

Gabriel –o Gaby, como lo conocen– “conocía poco de estas personas”. Pero sus 23 años de experiencia en la industria hotelera y de restaurantes lo motivaron a sumergirse en el negocio.

Lo que no esperaba es que el bar le cambiara la vida. “Hemos creado una familia enorme”, dice. Los ojos se le aguan tras los espejuelos negros.

(Andrés Santana Miranda / ONCE)

Además de ser cofundador, Gaby sirve tragos en The Bear Tavern. Se mueve de un lado a otro atendiendo a la clientela. A ratos va donde el DJ. Regresa, abre unas cervezas, cobra. Abraza a los osos que recién llegan.

“Aquí ha venido gente que nunca ha ido a un bar gay y nos dan las gracias por el sitio, porque su familia no lo sabe y vienen y se sienten bien. A veces damos ese empujón para salir, les damos ese apoyo”, relata Gaby, cuyo establecimiento le ha servido, al igual que a sus clientes, para reconciliarse con su cuerpo.

Una búsqueda en Google resulta en nueve barras dirigidas al sector sanjuanero LGBTQIA+. De esas, hasta ahora The Bear Tavern es la única que prioriza a los osos como clientela.

Ambos dueños son muy conscientes de la importancia de contar con un espacio donde no se juzgue a nadie por su apariencia física. Entrada la noche, Maelo va cliente por cliente animándolos a quitarse la camisa, como si se tratara de un rito de aceptación de su cuerpo.

“Yo llevaba 16 años fuera de los bares gay y cuando comienzo otra vez a explorar noto que cuando uno entraba en pantalones cortos o en t-shirt te miraban de arriba a abajo. Ahí un amigo me dijo: ‘en Puerto Rico hace falta un lugar donde acepten a los barrigones y a los barbudos’. Y tenía razón”, admite.

El problema (aún)

De acuerdo con Peter Shepard, director programático de Coaí, una organización sin fines de lucro dedicada a ofrecer servicios a la población LGBTQIA+, el problema es que dentro de la comunidad existen conductas de discrimen.

“Lo ves en las aplicaciones, como Grindr, donde hay gente que al indicar lo que buscan no lo hacen de la forma más apropiada. Te ponen ‘no gordos’, ‘no viejos’, ‘no afeminados’. Todo eso es discrimen. Sé que todos tenemos preferencias diferentes, pero la manera en que se manifiesta puede ser hiriente”, comenta Peter.

Peter Shepard. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram /  @jeannievesofficial )

Peter Shepard. Suministrada por Jean Nieves. (Instagram / @jeannievesofficial)

Para evitar un discrimen similar, los osos miden sus respuestas al momento de reaccionar sobre cómo se puede ser oso y no caer en una vida poco saludable en términos de ejercicios y alimentación.

“Cuando dejé de ir al gimnasio y empecé a engordar, mis amistades empezaron a señalarme y a decir que era ‘vago’. A veces viene de buenas intenciones, por la preocupación por la salud, pero toda situación hay que verla caso a caso y evitar la generalización de que todos los osos no son saludables”, aclara Peter, quien destaca que hay personas que son voluminosas por una cuestión genética y no necesariamente por descuidar su dieta.

Max coincide y añade que sería contradictorio que el propio grupo critique o señale los estilos de vida de sus pares, cuando el movimiento precisamente huye de la intervención externa hacia “nuestro cuerpo”.

“El tema de una mala salud es relativo. Una persona que está flaca no necesariamente está saludable. Nosotros tratamos de no meternos en eso, porque ya estaríamos pasando juicios”, agrega.

El leather

Inicia otra noche en The Bear Tavern y esta vez el local solo permite la entrada de hombres. Es una noche leather y, aunque no es requisito, los asistentes van vestidos con arnés o alguna pieza de cuero en su atuendo. Usar leather no es sinónimo de ser oso. No obstante, históricamente el uso de este material se ha asociado a este colectivo.

Para la década de los 50, “la subcultura leatherman estaba compuesta, inicialmente, por veteranos de la Segunda Guerra Mundial que, guiados por valores militares, como la disciplina y la jerarquía, pero también la camaradería, tenía con interés común las motoras. La estética de este grupo estaba moldeada por códigos hípermasculinos, como la musculatura, el vello corporal (incluyendo el facial), vestimenta de cuero y la expresión exagerada de la masculinidad hegemónica (por ejemplo, la relación dominación-sumisión)”, ilustra Dantas Guedes en su ensayo Gay Bear Subculture: Self-concepts, Subjective Practices, and Mental Health.

Durante el surgimiento de los osos, algunos de sus integrantes en los Estados Unidos copiaron el estilo leather para nutrir sus discursos de ruptura con los estereotipos de feminización de los gays. Pero Max puntualiza que esto no es un elemento exclusivo de los osos, ni todos ellos lo asumen como parte de su identidad.

“Esto es una estética que se inclina más con el deseo. Ya no hablamos de orientación, sino de preferencia sexual. No es una cuestión de machismo, pero es un gusto por una persona masculina”, interpreta Max, quien precisamente carga el título de Mr. Leather Puerto Rico 2019.

Durante las noches leather, el bar se llena de hombres con máscaras de perros hechas en cuero, cadenas en los cuerpos, collares en algunos cuellos, y botas.

En opinión de Peter, esos elementos responden a un juego de masculinidades que también abre paso a la diversidad en las experiencias sexuales de cualquier persona.

“Lo leather parte del fetichismo. Para algunas personas puede ser escandaloso. Para mí es sacar una disciplina, respetando al resto de las personas, para proyectar mi gusto alfa que comparto con otras personas que tienen el mismo fetichismo”, reconoce Peter.

Actualmente, The Bear Tavern dedica dos noches al mes a los hombres que se inclinan por la expresión leather.

El porvenir

Cuando se les presentó la idea, Maelo y Gaby tuvieron algunos reparos. “Ignorante al fin, respondí que me preocupaba porque eso de leather es hardcore y yo no estaba preparado, sobre todo porque venía de un mundo conservador y Gaby de un mundo heterosexual”, revela Maelo.

Maelo Acosta. (Andrés Santana Miranda / ONCE)

Maelo Acosta. (Andrés Santana Miranda / ONCE)

“Estaba ansioso porque no sabía qué iban a traer en la noche. Es que lo que conocíamos de lo leather era lo que veíamos en las películas”, amplía Gaby.

Nada “malo” ocurrió. Maelo y Gaby aprendieron que el estilo leather va más allá del libertinaje sexual o el sadomasoquismo, como muchas veces se cree.

“Todos los días aprendemos que al final es cultura.  El resto es educación y apertura para la inclusión, para la diversidad”, concluye Gaby, antes de volver a la barra a servir otros tragos.

Ese es el próximo paso: educar para crear más visibilidad sobre este colectivo y su diversidad. Están dispuestos a ayudar a otras personas que estén interesadas en abrir espacios similares en otros puntos en Puerto Rico.

“El que quiera abrir otro bar para los osos, los primeros que vamos a ir somos nosotros. Igual que apoyamos los lugares en San Juan, debemos apoyar los que están fuera. En el área oeste hay una comunidad bien grande. Nos piden que abramos allá, pero es que llevamos dos años nada más con esta”, asevera Maelo, quien no descarta abrir un bar similar en algún lugar de los Estados Unidos para osos boricuas que viven en la diáspora.

Ahora, las luces son más tenues y la música adquiere más volumen. La manada se reúne en la pista de baile. No hay cuero, camisa, arnés o pantalón que aguante su orgullo, sus ganas de ser más visibles. De acentuar, como propone Max, que “en Puerto Rico hay osos. Que la comunidad gay es mucho más”.