Jimmy Borrero Costas, una vida de lucha

Esta es la historia de un hombre que se enfrenta a un monstruo de sobre 400,000 toneladas de cenizas de carbón. Antes lo hizo contra una incineradora y dos gasoductos. Pero ningún contrincante ha sido tan deleznable como esa montaña que, literalmente, pesa más que los 3.1 millones de habitantes de la isla. Esta es la historia de Jimmy Borrero Costas y las comunidades peñolanas que solo buscan salud y paz.

Jimmy Borrero Costas. (Foto: Diani Matos Ramos; edición: Crystyan Ortiz Pérez / ONCE)

Jimmy Borrero Costas. (Foto: Diani Matos Ramos; edición: Crystyan Ortiz Pérez / ONCE)

Por: Glorimar Velázquez Carrasquillo 22 de abril de 2019


octubre del 2008

Jimmy Borrero Costas alquiló una guagua con cupo para 50 personas. También compró cuatro, cinco docenas de huevos. Los repartió entre todos los que lo acompañaban. Dio las instrucciones.

“Vamos a ir para allá. Como eso es un conversatorio, ellos se van a presentar primero. Como soy el líder de la comunidad, voy a hablar después. Los voy a mandar pa’l carajo y les vamos a tirar los huevos”.

El plan estaba claro. Sabían que no los iban a acusar. Sería difícil identificarlos.

Llegaron al lugar: el Centro Cultural de Peñuelas. Allí estaba Josué Colón, quien luego dirigiría la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) entre julio del 2012 y enero del 2013. También estaba el personal de Skanska Energy Services LLC, la compañía que construyó parte del fallido Gasoducto del Sur.

Después que aquellos se presentaron, Jimmy Borrero Costas tomó el micrófono entre el público e hizo lo propio. Le dijeron que todavía no podía hablar.

Pero continuó expresándose. Mencionó los abusos que ha sufrido la comunidad –desde la contaminación al ambiente y el daño a la salud que habían traído las petroquímicas, hasta la falta de vistas públicas para el proyecto, que ponía en riesgo la seguridad de los residentes– y los mandó a donde, en efecto, dijo que los mandaría.

“Ahora se pueden ir pa’l carajo”.

Después vino la lluvia.

“Los huevos bajaban por los trajes y los gabanes”, cuenta, y suelta una carcajada. Ahí –para ellos y para aquellos– se acabó el conversatorio. Se fueron a celebrar hasta la madrugada.

Hay episodios más importantes en la vida de Jimmy Borrero Costas, pero pocos tan graciosos como este.

Hoy, Jimmy es el rostro más conocido de la lucha contra Applied Energy Systems LP (AES), la corporación dueña de una planta de generación de energía mediante la quema de carbón que opera en Guayama desde el 2002. Desde entonces, y hasta el 2027, la AEE le compra energía, una factura que ha llegado a los $300 millones anuales.

La presencia de AES en Puerto Rico no ha estado limpia, ni de cenizas, ni de controversias.

En el 2016 y en el 2018, investigadores de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico realizaron estudios que evidencian cómo en Guayama hay más prevalencia de enfermedades respiratorias, dermatológicas y cardiacas que en comunidades del este en Fajardo. Estudios de la propia compañía señalan que han contaminado el acuífero bajo las instalaciones de la planta con químicos como selenio, litio, molibdeno y arsénico.

La Ley 40-2017 –que, se pensó, prohibiría la disposición de cenizas de carbón en la isla– terminó siendo la base legal de un reglamento, todavía como borrador, que permitiría descargar hasta 12,400 toneladas por cada depósito sin tener que notificarlo a la ciudadanía. Víctor Alvarado Guzmán, del Comité Diálogo Ambiental, estimó que la cifra equivale a 620 camiones cargados del residuo.

El gobernador Ricardo Rosselló Nevares indicó que quiere eliminar la generación de energía mediante la quema de carbón para el 2020. Pero nadie, ni siquiera AES, tiene claro cómo –al menos no tan rápido–. La intención del primer ejecutivo se complica si se considera que casi una quinta parte de la energía consumida en Puerto Rico –un 17%– proviene de esa fuente.

Noviembre del 2016: hacía un año que la AES, gracias a una enmienda en su contrato con la AEE, podía depositar las cenizas de carbón en la isla. (dialogoupr.com)

Noviembre del 2016: hacía un año que la AES, gracias a una enmienda en su contrato con la AEE, podía depositar las cenizas de carbón en la isla. (dialogoupr.com)

Ese es el monstruo que la comunidad del barrio Tallaboa Encarnación ha enfrentado por los últimos cuatro años, cuando AES comenzó a depositar cenizas de carbón en Peñuelas.

Ya no lo hacen, pero desde entonces, Jimmy se propuso ver el día en que cierre “la carbonera” –y si él puede ponerle el candado, mejor–.

entre 1959 y 1974

Sin darse cuenta, Jimmy pronuncia “lucha” 67 veces en la conversación. Es que la conoció muy temprano.

Frente a su casa, en el barrio Tallaboa Encarnación en Peñuelas, los trabajadores de la Unión Independiente de Industrias Petroquímicas se reunían para educarse, manifestarse y defender sus derechos. Eran empleados de la Commonwealth Oil Refining Company –“la Corco”–.

Jimmy, apenas un niño que no llegaba a los 10 años, los veía y escuchaba detrás de una ventana. Así aprendió lo que es luchar.

Los trabajadores organizaron la unión porque antes los representaba otra, una estadounidense. A veces traían líderes independentistas, como Juan Mari Brás, para que les hablara. Así nació su conciencia política.

“Desde pequeño yo me preguntaba cómo es posible que venga una persona de otro país a mandarnos en nuestra tierra”.

Ahora con 60 años, Jimmy vive en el barrio Seboruco del mismo pueblo. Es un hombre que ama a su familia y a sus amigos, con los que de vez en cuando se da la cerveza, claro está. Frente a su casa está la de su hermana. Al lado, la que le regaló a su sobrino, recién construida.

En la marquesina de esa residencia inhabitada, entre pailas de pintura, escaleras y toldos, habla con soltura. Cuenta sus “estrategias”. A veces, al recordarlas, ríe.

Es malo recordando fechas, pero dice que se inició en 1974, a los 15 años, cuando la Federación de Maestros realizó su primera huelga, de 30 días, por asuntos que todavía hoy resuenan: el exceso de estudiantes –de 45 a 50 por salón– y la exigencia de un aumento salarial.

“De ahí en adelante he estado en todas”, suelta.

Y todas –o bueno, la mayoría– han sido en Tallaboa Encarnación, ese barrio de Peñuelas donde la gente, su salud y el ambiente no conocen la paz.

Ejemplo: mayo de 1987, cuando se intentó construir la incineradora Modular Incinerating System cerca de la escuela elemental e intermedia Jorge Lucas Pérez Valdivieso.

Si hablamos de intento fue porque no se logró. Las luchas de Jimmy no son en vano.

entre agosto del 2008 y mayo del 2009

“Esa gente venía instalando tuberías desde Salinas”.

Las tuberías del Gasoducto del Sur, quiere decir Jimmy, y lo sabía porque a él, como contratista de proyectos de construcción, le querían alquilar sus máquinas.

No aceptó. “Siempre trataban de comprarme”. No estaba dispuesto a traicionar a su comunidad.

Pero no solo rechazó el trabajo: decidió que no se iba a instalar un solo tubo. “Primero íbamos presos”.

El plural se debe a los miembros del Campamento Villa Encarnación, quienes estuvieron todos los días y todas las noches de un año, casi, en vigía.

El Gasoducto del Sur fue un proyecto impulsado bajo la administración del gobernador popular Aníbal Acevedo Vilá (2005-2008). La idea venía de antes, cuando lo propuso el director ejecutivo de la AEE, Miguel Cordero, bajo el gobierno del novoprogresista Pedro Rosselló González (1993-2000). El propósito era diversificar la cartera de generación de energía del país. Para eso, se pensó que lo mejor sería llevar gas natural desde EcoEléctrica –una planta privada de generación de energía a base de dicho combustible– hasta el Complejo Aguirre. La tubería metálica soterrada, de 42 millas de longitud y un costo de sobre $70 millones, atravesaría cinco municipios –Peñuelas, Ponce, Juana Díaz, Santa Isabel y Salinas–. Se comenzó a construir en junio del 2008.

Menos de un año después, en abril del 2009, el gobernador estadoísta Luis Fortuño (2009-2012) ordenó la cancelación del proyecto, que ya iba por un 25% de construcción. Eso costó $59 millones.

En el ínterin, claro, estuvo la oposición ciudadana, que lo rechazaba por el peligro de seguridad que representaba para las comunidades y por el impacto a las zonas agrícolas. Con las comunidades estuvo Jimmy.

Su primer enfrentamiento con el Gasoducto del Sur fue cuando los tubos llegaron al barrio Tallaboa Encarnación. El día que vio una máquina levantando un tubo, se le trepó encima y comenzó a llamar a sus compañeros.

Después de ese día “no pudieron trabajar más”.

Durante la lucha recurrieron a todo: rompían las máquinas, incendiaban los tubos, les tiraban piedras a los trabajadores.

Noviembre del 2008: parece que está descansando pero no. En acto de protesta contra el Gasoducto del Sur, Jimmy se acostó en el piso. (Crédito: Jimmy López / suministrada)

Noviembre del 2008: parece que está descansando pero no. En acto de protesta contra el Gasoducto del Sur, Jimmy se acostó en el piso. (Crédito: Jimmy López / suministrada)

“Nosotros siempre íbamos a la prensa a denunciar que no se habían hecho vistas públicas”. Para complacerlos, en octubre del 2008 una oficial de relaciones públicas de la AEE fue casa por casa anunciando un conversatorio. Jimmy la llamó para felicitarla por la gestión y le dijo “vamos a estar allí esa noche”.

¿Recuerdan la lluvia de huevos? Pues esa.

En su primera campaña eleccionaria, Fortuño dijo que se oponía a la construcción de gasoductos.

La promesa duró poco.

entre el 2010 y el 2012

En agosto del 2010 se anunció la construcción del Gasoducto del Norte, que cruzaría la isla de sur a norte, impactando 13 municipios.

Sí, Fortuño fue más ambicioso con su “Vía Verde”, como llamó al proyecto que llevaría gas natural desde Peñuelas hasta San Juan y que hubiera costado $800 millones –y no los $300 millones estimados inicialmente–.

Desde mediados de junio –dos meses antes del anuncio– varios residentes de Adjuntas habían recibido cartas donde se les informaba la intención del gobierno de expropiar sus residencias para un proyecto energético, narra Arturo Massol Deyá en su libro Amores que luchan: relato de la victoria contra el gasoducto en tiempos de crisis energética.

En julio, Fortuño firmó una orden ejecutiva declarando una “emergencia en cuanto a la infraestructura de generación de energía eléctrica” y activando el proceso expedito para la obtención de permisos dispuesto en la Ley 76-2000.

Las cartas de expropiación no fue lo único que comenzó antes del anuncio.

Cuando Jimmy menciona que con Vía Verde se “robaron el dinero del pueblo”, habla de los $12 millones en contratos otorgados hasta tres meses antes del anuncio del Gasoducto del Norte. Para abril del 2011 se habían desembolsado $27 millones, sin que se hubiera movido “una sola piedra para colocar un solo tubo”. Todas las compañías contratadas tenían, en mayor o menor medida, vínculos con el gobernador y otras figuras principales del partido de turno.

Con la lucha, dice Jimmy, evidenciaron que ese proyecto no era viable y sí una pérdida de dinero público. Casa Pueblo, explica Massol Deyá en su libro, pudo demostrar que la planta EcoEléctrica no tenía la capacidad para suplir gas hasta San Juan. Sería un “tubo sin gas”. Y entre los dos gasoductos, el del sur y el del norte, se desembolsaron $100 millones. 

noviembre del 2018

Por lo que más se ha escuchado hablar de Jimmy es por su oposición a las cenizas de carbón.

Jimmy hizo de las suyas durante una vista pública en el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) en Río Piedras, donde se discutiría el borrador del reglamento Estándares para el uso beneficioso de los residuos de combustión de carbón propuesto por esa agencia. Esta es la reglamentación que permitiría a AES descargar 12,400 toneladas de cenizas de carbón por depósito sin tener que notificarlo públicamente.

Hacer de la suyas implicó –si a estas alturas no conocen a nuestro protagonista– ponerle fin a la vista pública con senda mandada al carajo.

“No es la primera vez que hago esto. Cuando voy a una vista pública, yo sé que ya eso está preparado. No creo en ellas. Cuando vamos, somos 50 o 60 personas y ya todos saben lo que van a hacer. Cuando nos ven, se ponen nerviosos”.

En las oficinas del DRNA, Jimmy no solo destinó a ese lugar lejano a quien, a su juicio, se lo mereciera: en protesta, también rompió una copia del borrador y derramó cenizas de carbón en la mesa de los deponentes.

(Sylvi Escoto / Noticentro, 29 de noviembre del 2018)

La secretaria del DRNA, Tania Vázquez Rivera, lo criticó.

"Unos pocos decidieron utilizar la oportunidad que se les dio para deponer [para] tornarse violentos tanto verbal como físicamente. Algunos llegaron con camisas alusivas a un partido político, a pesar de ser una actividad no política […]. Sin embargo, la peor parte fue cuando el segundo deponente, el señor Jimmy Borrero, tomó un frasco con una sustancia desconocida y lo derramó encima de la mesa de deponentes, no sin antes gritar palabras soeces e insultar a todos los presentes, actos a los que se unieron otros manifestantes", expresó la secretaria.

Jimmy, ecuánime como él solo, le respondió.

“Nosotros sabíamos que esas vistas eran pro forma. La única manera en que podemos llamar la atención es haciendo eso. ¿Qué uno saca con ir allí a hablar si ellos tienen los estudios de que las cenizas de carbón hacen daño? ¿Para qué hacen vistas públicas? Para botar el dinero del pueblo. Yo hago esa demostración para decirles que no nos vamos a dejar engañar”.

Y sigue.

“Esto no es una falta de respeto: esto es darnos a respetar. La que nos falta el respeto es ella”.

Y sigue.

“¿Para qué tanto estudio si comoquiera van tirar las cenizas en el vertedero?”.

Y sigue.

“Si las van a tirar, que se atengan a las consecuencias”. 

junio del 2015

Es sábado y Jimmy cogió su Toyota Tacoma y la cruzó frente a un camión cargado de cenizas de carbón que iba al vertedero de Peñuelas.

Esa fue la primera vez que impidió el depósito. Ese día nació el Campamento Contra las Cenizas.

Días antes había asistido a una reunión en Guayama convocada por Alvarado Guzmán y el Comité Diálogo Ambiental. Jimmy no tenía mucho conocimiento del asunto, la verdad. Pero luego de escuchar toda la información –sus efectos en detrimento de la salud pública y del medioambiente– y de conocer que se estaba tirando cenizas en el barrio Tallaboa Encarnación, les dijo a los presentes: “Yo voy a parar eso”.

Entonces fue sábado y Jimmy con su Toyota Tacoma se cruzó frente a un camión cargado de cenizas de carbón y lo detuvo y evitó el depósito.

Pero llegó el lunes y con él “un montón de camiones. Trataron de pasarnos por encima”. Y pasaron. “Yo le dije a mis compañeros: ‘no se apuren que mañana no van a pasar’”.

Al siguiente día se levantó a las 2:00 a.m. Buscó dos barreras Jersey –de las que usan para dividir las autopistas– y con su grúa y camión las colocó en la entrada del vertedero. Cuando los camioneros llegaron a las 7:00 a.m. se sorprendieron. No sabían cómo moverlos. El vertedero estuvo cerrado por dos días.

Y así ha sido la lucha. Unos días pasaban los camiones escoltados por policías, y otros días no. Al igual que en la lucha contra el Gasoducto del Sur, aquí los camioneros también se han llevado su lluvia de piedras.

Agosto del 2017: sobre 200 oficiales de la Policía de Puerto Rico se movilizaron para garantizar el depósito de cenizas y derivados en el vertedero de Peñuelas. (dialogoupr.com)

Agosto del 2017: sobre 200 oficiales de la Policía de Puerto Rico se movilizaron para garantizar el depósito de cenizas y derivados en el vertedero de Peñuelas. (dialogoupr.com)

Las estrategias han funcionado. Hace más de año y medio que no depositan las cenizas –aunque todavía se descarga el Agremax, un desperdicio sólido derivado de estas–. Ahora está en discusión el reglamento, pero Jimmy y sus compañeros piensan que como se acercan las elecciones, el gobierno no se va a atrever a tirar las cenizas. Igual no bajan la guardia.

“Estamos preparados para combatir. Tenemos estrategias para enfrentarlos”. 

Jimmy dice que de Fidel Castro –“el hombre más grande que ha dado el mundo”, quien “dio la vida por su pueblo, igual que Jesucristo”– ha aprendido mucho. “Por eso no le tengo miedo a nada cuando estoy en una lucha”.

Jimmy y Fidel, como mínimo, comparten dos cosas: ambos polarizan –o simpatizas con ellos, o no– y ambos han cumplido cárcel. En el caso de Jimmy, un mes, por las protestas contra las prácticas militares de la Marina de Estados Unidos en Vieques.

Estuvo cerca de pasar tres años en prisión, sin embargo. La razón: defenderse de un macanazo que le iba a dar un policía durante una manifestación el 1 de agosto del 2017 en Peñuelas.

Al día siguiente, cuando estaba en el campamento, llegó un sargento. Le dijo que había un video que mostraba que le estaba levantando la mano a un policía. Lo arrestaron. Lo acusaron de acometimiento y agresión grave. Le encontraron causa probable y lo fiaron por $2,000.

A las dos semanas mataron al policía que lo acusaba. No niega que esta noticia le causó alivio.

“Uno tiene que tener valores y dignidad. Yo estoy luchando por la salud de su familia también. Alguien que se presta para decir una mentira, lo que hace es daño”.

La muerte del testigo principal no significó que el caso terminaría inmediatamente. La fiscalía de Ponce estuvo un año “diciendo que tenía pruebas”. El último día, ya cuando el caso iba a prescribir, la fiscal “no se atrevió a ir. Mandó a otra fiscal a decir que no tenía pruebas”.

Para Jimmy, el Departamento de Justicia es el Departamento de Injusticia, “porque se presta para fabricar casos”.

Esa injusticia la ha vivido en carne propia. 

En julio del 2016, a Jimmy solo lo arrestaron por decir su nombre.

Los policías llegaron al campamento, le preguntaron quién era y lo arrestaron a él y a su primo. Por esto, se ventila un pleito judicial contra la Policía de Puerto Rico, la AES y los vertederos Ecosystems y Peñuelas Valley Landfill.

Si lo gana, quiere llevarse de viaje a sus compañeros y compañeras del campamento.

Jimmy es un hombre desprendido del dinero. Trabajar duro desde pequeño es lo que hoy le ha permitido luchar. Sabe que tiene ese privilegio.

“Para participar en estas luchas tienes que estar económicamente bien porque tienes que dejar a tu familia y estar en la calle. A cada rato te arrestan. Si trabajas en la empresa privada, no puedes luchar. Muchas veces la gente no lucha, dan un palo de un día y ya. Lo hacen porque no pueden seguir, porque deben una guagua o tienen hijos que mantener. No muchos pueden estar todo el día en un campamento. Yo puedo hacerlo. Cuando estaba en la lucha del Gasoducto del Sur, perdí mucho dinero. Dejé la compañía sola. Tenía gente que mandaba, pero no es lo mismo que yo estar al frente. Pero lo hice y no me importó lo que perdí”.

Jimmy se retiró hace dos años. Le dejó todo a su sobrino. Ahora solo lo asesora. Además de luchar, le place ayudar a los demás.

“Cuando tú das, Dios te da el doble”.

Esto lo dice porque ha podido ir a Cuba en cuatro ocasiones –y al regresar, las cuatro veces se ha pegado en la Loto–. 

Jimmy admite que su lucha no es fácil. Es contra “los grandes intereses”. Pero él no se frustra. Nunca ha pensado en quitarse. “Para qué voy a vivir si lo hago”.

Lo que sí le frustra es que el pueblo no se eduque.

“Hay gente por ahí opinando sin saber lo que están diciendo. Yo vengo de la escuela pública y me autoeduqué leyendo y escuchando. Aquí hay gente que se trepa a decir cuatro embustes y lo aplauden. Si no sé de un tema, pues busco información para saber si está diciendo la verdad”.

Aunque en esta mañana de marzo viste una polo azul celeste con pantalones crema, su color favorito es el verde. “Significa esperanza”. También le gusta escuchar salsa, pero no la baila. Falta conocer algo más de Jimmy: su sueño.

“Que Puerto Rico sea libre. Después de eso, me puedo morir”.

Mientras tanto, la lucha será hasta que se cierre la planta de carbón.